
Si ponemos a un grupo de ratones genéticamente idénticos en un espacio cerrado durante tres meses, y al final de este periodo medimos el número de nuevas neuronas que han generado los ratones, obtenemos que aquellos que han sido más activos a la hora de explorar su ambiente tienen más neuronas de nueva generación que sus compañeros de celda menos aventureros.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, ha encontrado un punto de unión entre el comportamiento exploratorio y la neurogénesis en adultos, lo que muestra que la plasticidad neuronal –la capacidad que tiene nuestro cerebro de crear nuevas neuronas, nuevas conexiones neuronales y modificar las existentes- puede ser moldeada por la experiencia –por suerte, no todo es genética.
Es decir, cuantas más experiencias tengamos, más curiosos seamos y más nos levantemos del sofá, más neuronas generaremos. Este descubrimiento le da un sustrato biológico –a nivel celular- a las diferencias individuales, incluso en individuos que sean genéticamente iguales, lo que extrapolándolo a los seres humanos nos puede ayudar a explicar las diferencias en personalidad en los gemelos monozigóticos.
Referencias
Freund, J., Brandmaier, A., Lewejohann, L., Kirste, I., Kritzler, M., Kruger, A., Sachser, N., Lindenberger, U., & Kempermann, G. (2013). Emergence of Individuality in Genetically Identical Mice Science, 340 (6133), 756-759 DOI: 10.1126/science.1235294






